El Rey de las Apostas, Felipe Calvo, vio con sus propios ojos a su esposa morir delante de él. Decidido a romper con el juego para siempre, fue asesinado por Hugo Montero. Por un giro del destino, renació en el cuerpo de Agustín Torres, en Vega Norte, Sudeste Asiático. Allí descubrió que su hijo Liam Torres había caído en una trampa durante una partida de cartas, y el Rey de las Apostas decidió sacarlo de ese embrollo.