Enviado al Imperio de Grandhavena con una misión absurda —morir con gloria y volver cubierto de riquezas— Edwardo no puede cumplirla: no puede quitarse la vida. Cuando la guerra se avecina, se enfrenta al cobarde canciller Hale y gana la confianza de la Emperatriz. Entre traiciones, batallas y pruebas del destino, su valor temerario lo transforma de un condenado sin futuro en un estadista legendario que cambiará la historia de Turón.