Pedido que Salvó el Imperio
Heredero del dios de la guerra, Gustavo Sanz, abandonó su identidad y descendió de la montaña disfrazado de repartidor, para experimentar los altibajos de la vida y, además, convertirse en yerno de la Familia Castillo. Cuando finalmente dominó su poder invencible, se enfrentó a los Cuatro Demonios, defendió las fronteras de País Amplio y escribió una leyenda sin par. Sin embargo, la familia Castillo, cegada por la pobreza y el afán de riqueza, rompió todo vínculo con él; mientras que la familia Gil, abusando de su influencia, lo atormentó sin piedad. Frente a la injusticia, Gustavo levantó su mano de hierro: castigó a los malvados, defendió a los inocentes y hizo prevalecer la justicia en el mundo.