En su primer día de trabajo, Hailey Adams llega tarde inesperadamente y no logra preparar el desayuno para su nuevo jefe, el presidente Mason Anderson, conocido como "el demonio". Mason, implacablemente, le ordena que se vaya de la oficina y se presente en recursos humanos. Sin embargo, Mason cambia de opinión inmediatamente, no por compasión, sino para mantener su reputación y evitar parecer demasiado cruel después de haber despedido a seis secretarias en un mes. Hailey se ve obligada a aceptar una serie de reglas de oficina absurdas y es insultada verbalmente por Mason, quien la llama "una molestia visual" por su apariencia. Al final del fragmento, Hailey recibe una llamada telefónica misteriosa que la sorprende enormemente y la sume en el pánico.
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