Qi Zhou, atrapado en su coche, se sumerge en un profundo remordimiento y autoengaño. Está convencido de que Wen Yan (su hermana) todavía lo ama, creyendo que su anterior rechazo fue solo un arrebato de ira tras ser engañado. En su mente, revive constantemente los dulces recuerdos de Wen Yan cuidándolo atentamente cuando estaba herido: Wen Yan trataba tiernamente sus heridas, le daba medicinas e incluso se burlaba de él llamándolo un "perrito desvalido". Volviendo a la realidad, incitado y "ayudado" por su asistente, Qi Zhou recupera la esperanza. Se aferra tercamente a la creencia de que Wen Yan todavía lo espera en el mismo lugar, y de inmediato ordena dar la vuelta para buscarla.
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