Madison, postrada por un cáncer de estómago terminal, llama a su marido Hunter en un último intento por pedirle que vuelva a casa, pero escucha a través del teléfono la intimidad entre él y su amante Andrea en la cama. Ante las insinuaciones de Madison sobre la muerte, Hunter se muestra extremadamente frío y asqueado, llegándole a decir con malicia que se suicide o que le dé cáncer. Ante la cruel humillación verbal de su marido y la descarada provocación de su amante, Madison finalmente ve la podredumbre de su matrimonio. Despierta de su desesperación tosiendo sangre y, finalmente, le envía a Hunter un mensaje de texto para pedirle el divorcio.
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